Mostrando entradas con la etiqueta Dhaka. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dhaka. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de octubre de 2010

Viaje de ida y vuelta desde Dhaka…

Todo cambia cuando sales de Dhaka, el horizonte se agranda ante tus ojos permitiéndote ver verde y más verde, las palmeras se abren paso entre las grandes extensiones de campos de arroz, las personas parecen distintas, la comida se vuelve más picante y nos sorprenden nuevos sabores como el moglai, los luchis… todo ello mientras explico una y otra vez que soy vegetariana, finalmente creo que no les queda muy claro.

En nuestro recorrido atravesamos ríos, conocimos a muchas personas y aprendemos cosas sobre Bangladesh, viviendo con más intensidad este país. Realmente una dosis de oxigeno que nos ha permitido ver de primera mano lo que hasta ahora sólo había conocido en textos, videos y que es una de las causas por la que realmente estamos aquí, Reflect.

Llega el viernes y bajo la lluvia, que nos ha acompañado fielmente los últimos tres días de viaje, llegamos de nuevo a la capital, una ciudad con una superficie similar a Jaén y una población de 15 millones de personas que crece de forma exponencial. Antes de llegar a casa nos paramos a comer y el conductor hace un comentario mientras me señala, me lo traducen: “Dice que pareces una Bangla”, creo que le he cogido el truco a eso de comer con la mano derecha usando el pulgar oponible…

De nuevo en casa suena el telefonillo, parece ser que con una dirección que ocupa más de cinco líneas sí llegan las cartas. Nos han enviado desde la embajada de España una invitación para asistir el día 12 a un coctel en un hotel y como no podía ser menos, para una ocasión tan prestigiosa escogeré mi calzado más elegante: mis chanclas moradas de Brasil.




domingo, 26 de septiembre de 2010

Viviendo Dhaka

En mi tercer día en Dhaka, hacemos la primera visita a otra zona de esta capital, el museo, la universidad, otra parte de esta ciudad impresionante. Pasamos el día entre momentos, muchas miradas de curiosidad, de asombro, muchas sonrisas, una invitación a tomar algo, una comida a precio de turista, visita a un ceremonia hindú, y muchas conversaciones, la mayoría sobre fútbol... Pero resalto unas palabras, en una conversación de un chico que hemos conocido y que criticaba el modelo de desarrollo americano ya que se guiaban sólo por la mente, mientras que aquí impera la espiritualidad, se desarrollan en igual medida tanto la mente, como las manos y el corazón, necesitando esta armonía entre las partes. Porque, siempre en sus palabras, Bangladesh es un país muy pobre, pero aquí no existe ni enfermedades mentales, ni suicidios, ni desempleo… Muchas cosas que se pueden decir, pero creo que es mejor callar y pensar.

Hoy domingo vuelta a la rutina del despacho, todavía estoy intentando empaparme de todo, creo que empiezo a entender lo que mucha gente me decía con respecto a Dhaka, esos sentimientos enfrentados con ganas de salir corriendo lejos de aquí y a la vez esa ilusión por adentrarme un poco más, por conocer mejor a la gente, por intentar entender algunos de los sonidos de este lenguaje... El otro día escribieron mi nombre en la pizarra del despacho en Bangla, mi giro, lo miro, pero por ahora siguen siendo sólo dibujos.

Las horas se escurren en un reloj, llevo aquí apenas una semana, al otro lado del despacho Miguel y Nello tosen al unísono, que enfermedad más poco exótica la nuestra, un bonito resfriado… Nunca me gustó el aire acondicionado.


Os regalo un vídeo sobre los Rikshawala, conductores de Rikshas: