En nuestro recorrido atravesamos ríos, conocimos a muchas personas y aprendemos cosas sobre Bangladesh, viviendo con más intensidad este país. Realmente una dosis de oxigeno que nos ha permitido ver de primera mano lo que hasta ahora sólo había conocido en textos, videos y que es una de las causas por la que realmente estamos aquí, Reflect.

Llega el viernes y bajo la lluvia, que nos ha acompañado fielmente los últimos tres días de viaje, llegamos de nuevo a la capital, una ciudad con una superficie similar a Jaén y una población de 15 millones de personas que crece de forma exponencial. Antes de llegar a casa nos paramos a comer y el conductor hace un comentario mientras me señala, me lo traducen: “Dice que pareces una Bangla”, creo que le he cogido el truco a eso de comer con la mano derecha usando el pulgar oponible…
De nuevo en casa suena el telefonillo, parece ser que con una dirección que ocupa más de cinco líneas sí llegan las cartas. Nos han enviado desde la embajada de España una invitación para asistir el día 12 a un coctel en un hotel y como no podía ser menos, para una ocasión tan prestigiosa escogeré mi calzado más elegante: mis chanclas moradas de Brasil.